Aunque las pymes son consideradas ser la columna vertebral de la economía española, muchas veces están infravaloradas y consideradas poco profesionales. La gran parte de la culpa de ésta imagen la tienen las propias pymes porque, aunque la empresa esté en la fase de desarrollo inicial o gestionada por los familiares, esto no puede ser la excusa para la falta de profesionalidad. Tener el tamaño pequeño o mediano no impide tener grandes ideas y aspiraciones.
Al igual que sucede en todos los procesos naturales los primeros años de andadura de una pyme son las más peligrosas para su supervivencia y las que consiguen sobrevivir durante los primeros años (el momento de mayor riesgo de mortalidad) acostumbran a crecer a tasas superiores que las empresas ya existentes.
El riesgo de salida al mercado es inversamente proporcional al tamaño inicial de la empresa y decrece con la edad de ésta. Y, las reglas de supervivencia en los mercados tan dinámicos como son los de hoy en día, están guiadas por unos instintos muy vitales.
He aquí algunos consejos que pueden ayudar a tener un crecimiento sostenible y para que su pyme familiar mejore la imagen, tanto hacía fuera como hacía dentro:
- Mantenga los asuntos familiares en la familia. Quejarse a los empleados no familiares sobre los asuntos familiares complica el buen funcionamiento del equipo
- Siempre recuerde que su empresa familiar no es una institución de caridad. Si ya tienes que “echar una mano” al yerno que no encuentra el trabajo, ofrézcale el préstalo pero no le ofrezcas el empleo en la empresa familiar
- Trata a todos los empleados con respeto e igualdad, sin diferenciar entre los familiares y no familiares
- No sobrecargues de trabajo a los empleados aunque ellos dijeran que lo pueden soportar. Escuche a los susurros de pasillo. Son el mejor indicador de donde están los límites.
- Presta mucha atención a la planificación. Los errores en materia de selección, dirección, capacitación, planificación de necesidades, motivación, salarios, premios y castigos llegan con el transcurso del tiempo a disminuir tanto la productividad del personal, como la lealtad de estos con la empresa.
- No des promesas que no puedes cumplir. Una actitud demasiado casual puede crear confusión a la hora de interpretar sus palabras. Por ejemplo un comentario hecho durante una conversación informal sobre un posible aumento de sueldo puede ser interpretado como promesa vinculante.
- No contraten nuevos empleados si no están listos todos los elementos y requisitos para que pueda ejercer sus tareas.
- Elija bien el personal. No elegir al personal apropiado para el desarrollo de las diversas tareas puede crear pérdidas por defraudaciones, pérdidas de clientes por mala atención, e incrementos en los precios por improductividades, aparte de poder llegar a generar problemas internos con el resto del personal o directivos.
- Nunca pida el préstamo a los empleados.
- Ofrezca el buen ejemplo. Si quieres hacer llamadas personales desde el trabajo, leer revistas, o “chatear” por el ordenador, no te sorprendas si los empleados también lo hacen.
- Permita a los empleados que disfruten de las ventajas que tiene el trabajar en una pequeña empresa, como por ejemplo vestimenta menos uniforme, posibilidad de comunicarse directamente con los directivos, etc.
- Evita hablar con los empleados sobre los temas de financiación y liquidez. En pequeños colectivos los rumores se difunden con gran rapidez y los comentarios informales sobre los trabajos que aun no han sido cobrados o la hipotética mala situación financiera de la empresa con un empleado pueden convertirse en preocupación e incertidumbre entre los empleados y afectar el rendimiento de la empresa. Estas cuestiones es mejor discutir solamente con la junta directiva y detrás de la puerta cerrada.
- Conocerse a sí mismo. Es fundamental que el empresario reconozca sus propias capacidades, limitaciones, y sus comportamientos habituales ante determinadas circunstancias.
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