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07 Jueves, Enero 2010
Pedir peras al olmo
Un empresario tiene que transformar lo inseguro en seguro. Eso forma parte de su oficio. Los pedidos entran o no entran, los beneficios llegan o no llegan, los gastos suben o suben todavía más… Todo eso es inseguro, es voluble, es variable. Pero los salarios, no. Los salarios son seguros. Los salarios hay que pagarlos caiga quien caiga, sea invierno o verano. Igual que las facturas, los créditos o los impuestos. Y el que no lo consiga hacer; el que no consiga generar una mínima seguridad a sus clientes, a sus proveedores, a sus trabajadores, a sus accionistas y a la sociedad en general; el que no consiga transmitirles una confianza suficiente en la viabilidad de su negocio, ése nunca será un verdadero empresario.
No es fácil; nadie dijo que lo fuera. Entre otras cosas, para poder hacerlo, cada empresario debe comprometerse al nivel de seguridad que pueda garantizar. Ni más ni menos. Si se queda corto, corre el riesgo de arruinar una buena idea por falta de inversión, por desinterés, por cobardía. Pero, si se pasa, y crece demasiado rápido, puede acabar matándola de éxito. Un empresario que no se arriesga no es un empresario. Pero un empresario que se compromete a más de lo que debe, deja de ser un empresario para pasar a ser un temerario.
“Dimensión óptima de negocio”; así es como se conoce, en plan elegante, ese punto de equilibrio tan difícil de alcanzar. Y no hay fórmulas mágicas. Por una parte, como digo, se trata de convertir ideas en proyectos, conocimiento en dinero y talento en resultados. Y, por la otra, se trata de hacerlo en la proporción adecuada.
En esta vida no hay nada absoluto (salvo la muerte y los impuestos) y por eso resulta absurdo pretender que los empresarios ofrezcan garantías infinitas cuando a ellos nadie se las da. Por eso, como empresario, me atrevo a darles un consejo: no lo intenten. No le pidan peras al olmo. No fuercen a los empresarios a garantizarles lo que no les pueden garantizar.
Hace años, un escritor conocido me contó cómo un editor, más conocido todavía, estaba muy interesado en ficharle para su sello. Lo llamó, lo citó en su gran despacho y le dijo:
- Quiero que trabaje usted para mí. Pídame lo que quiera. Le puedo firmar un quince o un veinte por ciento (del porcentaje de ventas para derechos de autor). Pídame lo que quiera, que se lo firmo ahora mismo… Pero, eso sí: tenga usted muy presente que yo siempre le pagaré un diez.
Es difícil decir las cosas más claras. El compromiso real, el que se puede asumir, llega hasta donde llega. Y la habilidad del trabajador está en conocer esos límites: los suyos y los de la otra parte. Bueno, como en cualquier otra negociación. Y una vez que se conocen esos límites, hay que saber asumirlos y hay que llegar a un acuerdo. Y entonces sí: entonces es el momento de exigir el cumplimiento de lo pactado.
Yo sé que mucha gente, cuando oye eso de la moderación salarial o de la flexibilidad laboral, piensa que son estrategias de los de siempre para seguir exprimiendo a los de siempre. Que son faroles que se echan los negociadores de la patronal para conseguir condiciones más ventajosas frente a los sindicatos, ahora que hay crisis. Sé que mucha gente cree que la moderación salarial solo se aplica al sueldo de los currantes y nunca a los beneficios de los propietarios. O que la flexibilidad laboral consiste en que los jefes puedan despedir a cualquiera, sin tener que pagar indemnización alguna, y así tener a todo el mundo bien domesticado. Yo, todo eso, ya lo sé. Lo que no sé es si tenemos igual de claro que, como sociedad, si seguimos empeñados en no hacer caso de nada de lo que digan los empresarios, si despreciamos todo lo que están haciendo, y si les obligamos a asumir aquello que no pueden asumir, es probable que nos estemos perdiendo todo lo que pueden asumir y mucho de lo que les podríamos exigir.
Claro que, a quién le importa lo que digan o hagan los empresarios, si para lo único que valen es para crear empleo…

3 comentarios
# Richal Azuarte comenta el Enero 7th, 2010 a las 16:12:
Muy interesante y ademas, acertadisimo.
Es una realidad del nuestra actualidad, cambios vertiginosos, incertidumbre total, desconfianza en los sistemas tradicionales, etc…..
Es precisamente, por esa realidad, que la gerencia actual, ademas de formacion y capacitacion, requiere intuicion, creatividad y mucha informacion para poder tomar decisiones lo mas acertadas posible.
Gracias por tu articulo, pues es un llamado a muchisimas intersante y profundas reflexiones.
# Osane comenta el Enero 7th, 2010 a las 18:13:
Muy buen artículo!!!!!
La realidad de hoy está superando a muchos empresarios, se requiere mucha información, mucho trabajo, muchas ideas, mucha supervivencia, tener el cuerpo y la mente por encima de nuestras posibilidades y encima tenemos que soportar ser los malos de la pelicula, cuando las cosas van bien es el Gobierno quien crea empleo cuando van mal somos los empresarios quien lo destruimos
Tenemos que salir por nosotros mismos de la crisis,ese es el reto del empresario ,esa es su responsabilidad, pero es muy dificil y ademas no dejan de ponerlo mas dificil todavia.Todo empresario tiene unos derechos y tambien unas obligaciones,pero no son Dioses,se hace lo que se puede dentro de las posibilidades de cada uno.
Es una gran verdad que hay que correr riesgos pero con control pero no siempre es facil conocer ese punto de equilibrio. opino que para ser empresario hay que estar un poco loco y tener mucho higado
EN CONCLUSION OPINO QUE EFECTIVAMENTE SE LES ESTÁ PIDIENDO PERAS AL OLMO!!!!!!!
# Otero comenta el Enero 8th, 2010 a las 4:35:
Será buen empresario, aquel Q´ no pierda el tiempo, lamentándose de sus errores… Simplemente cada puesta de sol, es una nueva oportunidad de enmendar, y prosperar; aún en medio de la crisis.-
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