Archivo para Enero, 2010
  • Cuando decidimos contratar a un profesional externo en nuestra empresa familiar, podemos ganar más formalidad en los procedimientos. Esta mayor formalidad supuestamente se reflejará de forma positiva en la cuenta de resultados. Ahora bien, ¿estamos preparados para perder algunos de los privilegios que disfrutamos como familiares propietarios?.

    Podemos perder la familiaridad. Las reuniones ya no estarán compuestas por miembros familiares o allegados que son como de la familia (y que conocemos sobradamente). Conocemos nuestras virtudes y nuestros defectos. Entonces, perderemos la capacidad de predecir fácilmente las acciones y reacciones de nuestros familiares.

    A cambio podemos ganar satisfacción familiar. Separar familia y empresa nos da una oportunidad para que la familia exprese sus dudas e inquietudes en los lugares adecuados. Así las reuniones familiares podrán servir para demostrar los afectos y cuidados mutuos.

    Podemos perder la informalidad. Llegar tarde a las reuniones o al trabajo (o no llegar), presentar informes incompletos o inexactos (o carecer de informes), cambiar el tema de conversación cuando faltan argumentos, recordar agravios pasados, tener libertad para abandonar una reunión a propia conveniencia, etc. Perderemos la capacidad de hacer lo que nos venga en gana.

    A cambio, podemos ganar satisfacción laboral. “La sensación del trabajo bien hecho”. A veces es necesario que alguien te diga cómo es la forma correcta de hacer las cosas y te felicite por un pequeño logro en tu trabajo. Cuando este reconocimiento y refuerzo positivo llega de un profesional externo, tiene un valor incalculable para la familia empresaria; se convierte en una motivación que facilita la profesionalización del equipo familiar.

    Podemos perder la sensación de control de la situación. Los sistemas de control están claros (en la cabeza del líder). Las constantes llamadas de teléfono, la presencia física en cada departamento, la exigencia de documentos y/o explicaciones constantes, la toma de decisiones centralizada… todo lo que ocurre en la organización está bajo el control de una sola persona.

    A cambio, podemos ganar sistemas de control sencillos de gestionar incluso cuando falta el líder. Establecer unas normas y procedimientos claros para la organización; objetivos y resultados esperados de las personas y los departamentos, además de facilitar el control, dotan al personal de autonomía e iniciativa en su puesto de trabajo.

    Podemos perder poder. Si bien el poder de decisión puede estar alojado en una sola persona, cada miembro familiar ha luchado por conseguir su parcela de poder a lo largo de los años. Cada uno sabe cómo ejercer su poder y cuando puede hacerlo. “Si cambiamos, seguro que perderé el poco (o mucho) poder que tengo”.

    A cambio, podemos ganar un poder compartido y mayor seguridad en la toma de decisiones. Además el poder compartido afianza la posición de liderazgo empresarial. Un líder rodeado de un equipo de profesionales con voz y acostumbrados al consenso, se convierte en la principal ventaja competitiva de la empresa.

    La familia propietaria antes de incorporar a un profesional externo en su actividad diaria, evalúa “las pérdidas y las ganancias” de esta decisión. Será más fácil que la balanza se incline hacia la incorporación de este profesional externo cuando la familia propietaria sienta que, además de tener mucho que ganar, podrá mantener su identidad como grupo familiar.