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04 Jueves, Febrero 2010
¿Realmente necesitamos un profesional externo?
Cuando, como miembros de una familia empresaria, contemplamos la posibilidad de pedir ayuda a un profesional externo, es muy probable que realmente lo necesitemos.
Lo ideal sería que la decisión de incorporar por primera vez a un profesional externo en nuestra empresa familiar se correspondiera con una decisión estratégica previamente estudiada y analizada. Sin embargo esto no siempre ocurre así.
Desafortunadamente, son muchas las ocasiones en que la familia empresaria, después de percibir la necesidad, dilata esta decisión en el tiempo, contribuyendo con ello a alimentar lo que en un inicio eran leves disfunciones en la familia o en la empresa (o en ambas).
Cuando esta situación se prolonga en el tiempo la problemática de todo el entramado empresario-familiar corre el peligro de enquistarse. Una vez se han enquistado las relaciones puede resultar un escenario tremendamente difícil de manejar, incluso para el más prestigioso de los consultores, consejeros o ejecutivos no familiares.
Por ello, a mi modo de ver, aún cuando no tengamos estrategia, a los primeros síntomas de declive económico o relacional, deberíamos reaccionar antes de que sea demasiado tarde y provocar un cambio que sea “adecuado” para toda la familia empresaria.
Ahora bien, la necesidad de cambio, en ocasiones, despierta a los “salvadores” de la familia. Es entonces cuando las soluciones se convierten en problemas en sí mismos.
Por ello, pienso que es importante confiar en la unidad familiar, apelar al sentido común de todos sus miembros y tratar de llegar a un consenso en cuanto a la necesidad de pedir ayuda profesional, o no.
Algunas preguntas que pueden servir de guía en una posible reunión familiar podrían ser como siguen:
a. ¿En qué momento se encuentra nuestra familia y nuestra empresa?
b. ¿Cuáles son nuestras necesidades actuales?
c. ¿Cuál es nuestra visión compartida de futuro?
d. ¿Dónde nos gustaría estar de aquí a cinco años?
e. ¿Tenemos energía para llegar por nosotros mismos?
f. Si hubiera un profesional externo que nos pudiera ayudar a llegar a ese destino:i. ¿qué características debería tener?
ii. ¿qué esperaríamos de él?
iii. ¿cuándo deberíamos contratarlo?
iv. ¿dónde podríamos encontrarlo?
v. ¿cuánto estaríamos dispuestos a pagar?En algunas familias empresarias quizá lo más difícil sea reunir a toda la familia para discutir estas cuestiones. Por ello, muchas veces la decisión consiste en abandonar (otra solución que más tarde se puede convertir en un problema).
A mi modo de ver, si en alguna ocasión se nos ha pasado por la cabeza pensar que necesitamos un profesional externo, quizá sea por algo.
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2 comentarios
# Miguel Consultores Valencia comenta el Febrero 4th, 2010 a las 14:20:
Como consultor externo, lo peor es que contra más se tarda en solicitar la ayuda, peor está el problema. La idea de ‘podemos hacerlo solos’ deriva en muchos casos, la mayoría, en que ’si lo hubieramos sabido…’. Mi respuesta es simple, bastaba con haber preguntado antes y no despues. Pero es algo que en una empresa familiar es dificil de valorar.
Prefiero mil veces que nos llamen ANTES de hacer algo que despues. Es menos complicado, más sencillo, menos dinero (sic!), pero no se trata de arreglar algo mal hecho, sino de comenzar haciendolo bien. Solo con que eso lo hicieran la mitad de nuestros clientes, me daría por satisfecho.
# Javier Macías comenta el Marzo 1st, 2010 a las 12:29:
Sí, comprendo. Quizá se deba a esta costumbre nuestra de invertir más en “curar” que en “prevenir”.
Parece como si necesitáramos cierto nivel de “ansiedad” para ponernos en marcha hacia el cambio. Por otro lado, si el consultor se aventura a generar ansiedad advirtiendo de peligros futuros, el cliente puede sentirse incómodo.
Es un asunto complicado. Quizá necesitemos invertir más en “valores” (ver blog de Josep Tàpies) para movernos hacia el cambio por convicción propia.
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