Archivo para Abril, 2010
  • Recogiendo algunos de vuestros comentarios en este blog dedicado a los profesionales externos, a continuación os remito una carta que podría haberse enviado entre hermanos de una empresa familiar en un momento clave de sus vidas.

    Queridos hermanos:

    Hace meses que escuchamos por los pasillos de nuestras casas (incluyendo la de nuestros padres) rumores sobre la venta de la empresa. Parece que urge la necesidad de hacer líquidos los activos y repartir el dinero entre nosotros.

    En nuestra última reunión, sugerí la posibilidad de contratar un asesor externo que nos ayudase en la gestión de la empresa y la comunicación familiar. Si tuviera más fuerza y habilidad, estaría de acuerdo con vosotros cuando dijisteis: “mejor lo arreglamos entre nosotros primero”.

    Tengo miedo de lo que vendrá después de repartir ese dinero (si llega el caso): nuevos proyectos individuales supervisados directa o indirectamente por alguno de nuestros padres (o por los dos); cuentas pendientes sobre si antes del reparto había alguien que salía ganando o perdiendo (y ahora reclama la diferencia); gastos descontrolados (en “arte efímero”) ….

    Sin embargo, parece que todos estamos de acuerdo en que necesitamos hacer algo, necesitamos dar un paso hacia algún sitio. ¡Necesitamos un cambio!

    Hoy, en la comida, un directivo me decía que lo más difícil es poner en movimiento una roca parada durante años. Una vez en movimiento, es más fácil cambiar de dirección y dirigirla de un lado a otro.

    Hace años que nuestra empresa no re-invierte beneficios y los utilizamos para alimentar nuestro tren de vida. Llevamos con los mismos clientes desde hace años (son los que mantienen el negocio), si nos falla alguno…. ¡hay si nos falla alguno!… Los procedimientos, el producto y nuestra imagen están caducados. Pienso que aún habría posibilidad de renovar esta empresa si aprovechamos el cambio generacional y nos actualizamos de acuerdo a las nuevas tendencias del mercado.

    Ahora bien, si el sentimiento de la mayoría es vender, me uniré a la causa. En ese caso contrataría un asesor que me guiara qué hacer con mi dinero. No me estoy refiriendo a invertir en bolsa, ni nada por el estilo; sino más bien qué hacer con mi vida cuando disponga de ese patrimonio y cómo utilizarlo para ser feliz.

    La semana pasada asistía a una conferencia en la que decían que los hijos de familias empresarias hemos aprendido a “cómo gastar nuestro dinero”, pero no hemos aprendido a “cómo ganar nuestro dinero”. Solemos culpar a nuestros padres de cortarnos las alas, bloquear nuestra capacidad emprendedora y frenar todas las innovaciones propuestas.

    Me pregunto, ¿qué pasaría si asumimos la responsabilidad plena de nuestras vidas? ¿Qué pasaría si diseñamos nuestro proyecto profesional y el de la familia que cada uno estamos creando al margen totalmente de las opiniones de nuestros padres?

    Ver el mundo a través de sus ojos nos ha impedido ver con los nuestros propios. Ahora estamos inseguros de lo que vemos. Además nos pesan los años y explorar posibilidades a base de prueba-error me parece un lujo que no nos podemos permitir. Por ello, me dejaría asesorar por un profesional especializado en situaciones como la nuestra, con quien diseñar una estrategia efectiva e ir a “tiro fijo”.

    Pienso que tanto si nos orientamos por la venta de la empresa, como si decidimos continuar en el negocio, un asesor externo podría ayudarnos a “darle una vuelta de tuerca” y re-orientar nuestro destino.

    Un buen profesional no es más caro que muchos de los lujos innecesarios que nos damos en nuestra vida cotidiana.

    Llevamos tratando de mejorar nuestra situación por nosotros mismos desde hace tiempo y damos síntomas de cansancio y agotamiento. No estaría de más que alguien “de fuera” nos diera un poco de oxígeno, nos infundiera coraje e ilusión para enfrentarnos a nuestros miedos y perseguir nuestras metas con conocimiento, decisión y seguridad.

    Con cariño,

    Vuestro hermano.