Archivo para Febrero, 2010
  • Ya es miércoles y la reunión de esta mañana me ha roto. Ha sido muy duro, la gente está asustada y yo estoy agotado. Aunque hay tormenta en el pasillo, o mejor dicho, porque hay miedo en la oficina, yo voy a hacer algo por mantener mi serenidad: he pedido a mi secretaria que no me pase ninguna llamada ni se me moleste durante 30 minutos, para centrarme y descontaminarme.

    Ayer quise hacer lo mismo colgando un letrero de “No molesten” en la puerta de mi despacho y conseguí el efecto contrario: en diez minutos creo que entraron en mi oficina más personas de las que han entrado en los últimos dos meses… Impresionante. La gente entraba a preguntarme si me encontraba mal, si había pasado algo grave, que por qué no quería que nadie me molestara,… Y cosas aun peores que no repetiré,… Desde luego, se cumplió ese dicho de la PNL: “Si no quieres que piensen en algo, ni lo menciones”. En crisis, cualquier novedad es interpretada negativamente.

    No estamos habituados a salirnos de la norma y menos aun, asumir una novedad ajena, especialmente si se trata de respetar a un compañero que tiene iniciativas creativas, por más productivas que sean. Nuestra cultura penaliza la creatividad con la falta de respeto. Así que, ni se les ocurra colgarse un cartelito de “Do not distub”. O mejor aun, si eres creativo, pon en práctica tu creatividad con mucha discreción.

    Un simple cartel de hotel llama más la atención que un impagado. Pero para saber cómo resolver tus impagados y tus problemas de una forma creativa, necesitas reflexionar y eso significa reflexión serena, por más que no nos lo hayan enseñado así.

    Justamente lo contrario de lo que se fomenta en estos momentos de crisis: el miedo, la presión, la amenaza evidente o encubierta, la ocultación. Cuando los tiempos son de crecimiento, normalmente se debe a que el liderazgo es compartido: te dejan hacer y la creatividad es operativa y desbordante, porque los cerebros trabajan muchísimo mejor en ambientes de confianza.

    Pero en cuanto vienen “mal dadas” y el miedo entra en las empresas, el liderazgo cambia y se convierte en autárquico, dictatorial, castrador de creatividad, el lenguaje se endurece, aumenta la exigencia por lo más nimio: el control, el análisis del control y el análisis del análisis del control, convirtiéndonos en administradores de controles en lugar de gestores de soluciones y acciones innovadoras y productivas.

    Así pues, en la crisis, justamente cuando más necesitamos el liderazgo compartido, la innovación, el trabajo creativo y en equipo para generar sinergias, es cuando se produce el más absurdo y paradójico giro hacia estilos de liderazgo represivos, autárquicos, improductivos, que sólo persiguen buscar la serenidad emocional pero por el camino equivocado. No es fuera, en el control del caos organizacional donde conseguiremos superar la crisis, sino dentro, en el control del caos emocional personal.
    Mediante estadísticas e informes sólo podremos verificar lo que ya sabemos: que hay crisis. Mientras dedicamos nuestro tiempo a justificar la situación y nuestro asiento, dejamos de ocuparnos de gestionar la crisis con los mejores recursos que necesita: la innovación, la colaboración, el espíritu de equipo y la sinergia. Y ninguna de estas características se consigue en un clima de miedo. Así que más vale dedicar nuestro tiempo a pensar y establecer acciones que garanticen un clima emocional de confianza, inyectando optimismo y positividad.

    Para superar la crisis, hay que volver al estilo de liderazgo que conseguía los éxitos en la empresa, no al que nos lleva al miedo y al caos. ¿Cómo podemos pretender superar la crisis con medidas depresivas? Necesitamos volver a un liderazgo inclusivo, no excluyente. Compartido, no autárquico. Sinérgico: ese que consigue que uno más uno sumen once en lugar de restar y generar más depresión y caos. Si estamos en un mundo global, necesitamos una visión holística para resolver nuestra situación. Necesitamos a toda la empresa para crear la base innovadora mínima necesaria para dirigir de nuevo la empresa con optimismo, realista, pero optimismo positivo.
    Sólo con serenidad emocional nuestro cerebro empieza a dar rendimiento. La crisis trae el miedo, y éste el bloqueo o la huida. Cuando el miedo se puede respirar en las oficinas, hay que erradicarlo inmediatamente antes de que llegue la parálisis y las reacciones sean de continua sospecha, de rumorología inoperante y catastrofista, de ocultación, de falta de colaboración, de silencio, de falsa sonrisa y de hastío o depresión.

    Una vez más, el conflicto interno de cada uno se reproduce en las relaciones interpersonales y es el que dirige la empresa. El miedo es el generador del caos interno y la depresión. Necesitamos erradicar nuestros conflictos internos con una buena gestión emocional del miedo para superar cualquier crisis.