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23 Martes, Febrero 2010
Cuando un Family Office no basta
No siempre la armonía familiar permite la cohesión del patrimonio bajo un mismo paraguas. Eso es un hecho que, lamentablemente, se produce más a menudo de lo que sería deseable.
Hasta no hace mucho, la cohesión patrimonial dependía del poder de convicción y liderazgo patriarcal o matriarcal, de la armonía existente, de la presión ejercida y de la inteligencia emocional que los dominadores supieran aplicar en el día a día. Obviamente no ha sido jamás una tarea fácil, ya que con los años, la incorporación de nuevos partícipes (hijos, nietos y familia política) suele desequilibrar la armonía que los patriarcas han ido creando de la mejor manera que han sabido. Esta dinámica constante ha obligado tradicionalmente a los creadores y centinelas del patrimonio a encontrar nuevos equilibrios en forma de presiones, concesiones, protocolos de familia, consejos familiares, y un largo e imaginativo etc.
Pero no siempre se consigue un final feliz. A veces ni siquiera se consigue un final controlado. Tenemos casos recientes como el de Eulen y otros muchos en los que el riesgo de una ruptura traumática de la unidad patrimonial es más que probable, por no mencionar la ruptura de las relaciones personales intrafamiliares.
Por ello, la estructuración del patrimonio a través de varios family offices coordinados externamente por un multi-family office independiente es una solución para las familias en las que la ausencia de armonía pone en peligro el control patrimonial en su conjunto.
En Cluster Family Office, como consultores de family offices, hemos conocido muchos y muy distintos casos. Y nuestra experiencia nos revela que no siempre un férreo control puede evitar la destrucción traumática de la unidad de un patrimonio y también de la Familia. Para esos escenarios, y sólo en estos casos, el establecimiento de cierta descentralización consentida y planificada del poder, es una solución que evitará la ruptura familiar y del patrimonio. Pero cuidado, siempre confiando el control de los diversos single family offices que se deban crear (tantos como núcleos discordantes irremediables surjan) a un multi-family office experto y especialista en dar soporte y marco de actuación a las distintas oficinas patrimoniales creadas. Esta figura externa completará y supervisará el funcionamiento de los diversos family offices que gozarán de una cierta libertad de maniobra, pero que seguirán formando parte de una mismo paraguas patrimonial y familiar.
Obviamente hay que estudiar caso por caso, porque las soluciones a aplicar deben ser tan flexibles y profesionales como complejas sean las divergencias familiares. Pero el objetivo, en los casos en los que la inteligencia emocional fracasa ante las divergencias y las tensiones personales en el seno de un patrimonio, es evitar que la cohesión forzada bajo un único paraguas pueda llevar a un callejón sin salida en las relaciones, y que ello acabe con la atomización del patrimonio de la peor manera. La creación y posterior coordinación y control de diversas oficinas patrimoniales o family offices desde un único multi-family office profesional y externo, es el camino a seguir por aquellos casos cuyas divergencias no se pueden solucionar a base de protocolos, consejos familiares y demostraciones de fuerza. Desgraciadamente las relaciones personales son en determinadas ocasiones así de destructivas, y se llevan por delante vidas enteras de esfuerzo e ilusión. Es muy importante enfatizar que dicha creación y posterior coordinación y control es necesario que sea realizado externamente y de manera experta. De lo contrario nos encontraríamos con un escenario de división del family office original en diversos family office sin ningún nexo que ejerza de cordón umbilical. Sin proyectos de inversión coordinados, sin control ni monitorización, y en definitiva sin ninguna fuerza gravitatoria ejercida por el patrimonio original más que la mera fuente de riqueza.
En el seno de un patrimonio familiar, la conversión de las fuerzas discordantes en diversos family offices coordinados y controlados por una organización externa, monitorizada por los patriarcas pero que ejerza el arbitraje deseado por éstos, es el camino para la cohesión en ausencia de armonía. La mayoría de rupturas traumáticas podrían así haberse evitado, y en consecuencia, las relaciones familiares se habrían mantenido dentro de una cierta cordialidad, que los patriarcas agradecerán toda la vida.
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