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El primer no familiar al mando del Banco Rothschild
Cuando hace más de dos siglos el banquero alemán Mayer Amschel Rothschild envió a sus cinco hijos a distintas capitales europeas, quizá podía haber imaginado que ponía los cimientos de uno de los proyectos banqueros de mayor tradición y prestigio. Pero, difícilmente podría imaginar que tras dos siglos de una tradición muy hermética y rígida, en lo que se refiere a la cultura, el gobierno y los valores de la familia, que una persona externa a la familia pudiera ser el máximo dirigente del grupo familiar.

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Hasta hace poco las generaciones sucesoras de Mayer Amchel Rothshild cumplían con una severa disciplina que entre otras cosas excluía a las mujeres de la herencia y recurría a la endogamia, como una de las medidas para conservar el control patrimonial bajo el mismo linaje familiar. Hoy en día la estructura empresarial del grupo familiar es muy compleja pero su actividad principal sigue siendo la banca privada, gracias a “un cierto misterio creado alrededor de la marca, que la organización cuida y mantiene con mucho detalle”, según define Jonathan Baines, presidente del Consejo de Korn/Ferry Whitehead Mann para Europa, de Oriente Medio y África.
Rothschild es uno de los apellidos que comúnmente se vincula al poder y riqueza, igual que el de los Rockefeller, Morgan y Harriman, las familias con quienes durante mucho tiempo ejercían el control sobre los tres principales negocios de Estados Unidos: los ferrocarriles, el petróleo y la banca. La estructura familiar de los Rothschild es igual de compleja que la empresarial. El testamento del fundador de la dinastía contenía un reglamento estricto de cómo se debían dirigir los negocios familiares. Entre las principales instrucciones consta que todas las posiciones claves han de ser ocupadas por los miembros de la familia. En los negocios solamente pueden participar los miembros varones de la familia. Para mantener la cohesión de la extensa red familiar practicaron frecuentemente la endogamia y procuraron casarse dentro de la comunidad judía. El hijo mayor del primogénito debe ser el cabeza de la familia, siempre y cuando la mayoría de ésta no decida lo contrario.
Durante seis generaciones los Rothschild combinaron hábilmente la fidelidad a los intereses familiares con la inserción en las sociedades de acogida, en cuyos círculos empresariales y políticos llegaron a ocupar posiciones de auténtico liderazgo. “Nuestra historia familiar nos ha enseñado que hemos de mantener una cierta distancia con el poder y, con el tiempo, aprendimos que más vale hacerse indispensable que hacerse amigo del poder”, dijo el barón Eric de Rotschild en una ocasión. “Sin embargo, creo que nuestra tradición judía también ha influido mucho en nuestra conducta porque está basada en la responsabilidad del hombre para mejorar el mundo y sobre todo en mucha disciplina y trabajo”, concluyó.
Este mes su primo, David de Rothschild, nombró director ejecutivo a una persona externa a la familia. El futuro líder del grupo familiar será Nigel Higggins, doctorado en historia por la Universidad de Oxford y con 27 años de experiencia en la sucursal londinense del banco.
Tras comunicar el nombramiento, el barón de Rothschild, hasta ahora presidente ejecutivo del grupo, afirmó que era el momento de replantear la estructura y el gobierno del banco. Sobre todo porque quiere concentrarse más en los clientes y menos en dirigir a los 950 banqueros del grupo, que ya gozan de una buena reputación de personas emprendedoras y automotivadoras, que reciben sus compensaciones únicamente en efectivo y están valorados en base a su rendimiento y al número de nuevos clientes que atraen.
“Cuando uno no es completamente egocéntrico, y yo espero que no lo sea, uno piensa en cómo aumentar la estabilidad de la compañía, tanto internamente como externamente. Y uno llega a la conclusión de que ha llegado el momento para llevar a cabo el cambio. Es algo natural y sano”, exclamó el barón en una entrevista recientemente.
De momento parece ser que el cambio anunciado no será un cambio profundo, ya que en sus primeras declaraciones Nigel Higgins afirmó no tener interés en añadir nuevos productos financieros, sino en concentrarse en mejorar los ya existentes. Su intención es reducir los costes y fortalecer las relaciones entre las sucursales en Francia y Reino Unido que hasta ahora operaban con bastante independencia, y también apostar por las operaciones en los Estados Unidos donde, según dijo, “deseamos ser el principal jugador en las operaciones de fusiones y adquisiciones”.
Para muchos, la elección de Higgins ha sido una gran sorpresa, ya que todos esperaban que este puesto fuera ocupado por Alexandre de Rothschild, hijo del barón David de Rothschild, de 29 años. Sin embargo algunos analistas creen que la decisión tiene un carácter temporal, hasta que Alexandre acumule la experiencia suficiente. Estas creencias también las alientan algunas declaraciones dentro del grupo, como por ejemplo la del barón quien sostuvo que “es posible imaginar al joven Rothschild ocupando el cargo de CEO dentro de 10 años o más. Todo es cuestión de la decisión del Consejo y de la familia”.
Sin embargo, algunos analistas norteamericanos creen que el nombramiento de Higgins fue una decisión impulsada por la muerte repentina de Bruce Wasserstein, presidente del Consejo de Lazard, una de las empresas líderes en consultoría financiera, y el competidor directo de los Rothschild. Al carecer de un plan de sucesión, Lazard se quedó durante más de un mes sin poder nombrar al sucesor y los analistas opinan que quizá fuera esta experiencia lo que motivó al barón a apresurar el nombramiento del sucesor.

