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Entrevista

Ángel contra la pobreza

La filantropía la define el amor al género humano y todo lo que a la humanidad respecta, expresado en la ayuda a los demás sin que necesariamente se requiera de un intercambio o interés alguno en una respuesta. Àngel Pujol es la puesta en práctica de esta definición.

Cuando quedé con Àngel Pujol, esperaba que fuera a hacer una entrevista a un empresario familiar y hablar de los más de setenta años de historia y experiencias que tiene su empresa familiar. Comencé del mismo modo cómo lo hago siempre, encendí la grabadora e hice la primera pregunta que tenía preparada. Desde allí la entrevista la llevó él.

Finalmente, tras una hora de conversación, absorbido por la experiencia y la fuerza con la que la que me fue transmitida, me siento a la mesa para redactar la entrevista. Enciendo la grabadora para escucharla y me doy cuenta que por algún motivo técnico ¡no se había grabado nada! Desde la frustración, enseguida paso a la satisfacción al darme cuenta que su historia había hecho lo que debía; se había quedado grabada en mi conciencia, sin tener que recurrir a la memoria tecnológica.

Àngel Pujol i Gorné es un industrial de Mollerussa de 63 años que después de consolidar, expandir e internacionalizar la empresa familiar Prefabricados Pujol, decidió emprender nuevos retos.

La vitalidad y la energía que se desprende de este hombre sincero y atrevido, es contagiosa. Relata con la misma pasión cómo se hacían a mano y transportaban con mulas los tubos de cemento en los tiempos en los que se fundó la empresa, que su experiencia con los proyectos de ayuda que está llevando a cabo en Etiopía.
 
Nació en una empresa familiar fundada en 1942, donde su padre, un trabajador incansable, levantaba la empresa a base de fuerza y moral, procurando ante todo mantener el prestigio que garantizaba el trabajo bien hecho. Mientras tanto, su madre se dedicaba a los temas administrativos. Poco a poco la empresa creció. Comenzaron produciendo 10 tubos al día, hasta alcanzar los 2.000 que produjeron en su día. Hoy la especialidad son los prefabricados de hormigón.

Han vivido muchas crisis, y de todas han logrado salir sin tener que despedir  a nadie. Hasta que llegó la última. “Esta crisis es algo nunca visto”, lamenta Àngel. “Recuerdo que hace un año, cuando comenzaba, le reproché a mi hermano que esta vez no me hubiera avisado de que venía. Todas las crisis anteriores las preveía y me decía `ahora nos toca aguantar con lo que tenemos y esperar a que pase´. Pero esta vez ha golpeado muy fuerte”. Su hermano José Maria es el cerebro de la empresa. Le apoya en todo y se solidariza con los proyectos de Ángel. 

Es la primera ocasión en que han tenido que despedir trabajadores. Una decisión muy difícil y que no gusta a nadie. La mayoría de los empleados “llevan más de 20 años trabajando para nosotros y era muy duro tener que prescindir de algunos, pero lo tuvimos que hacer y lo hicimos cumpliendo todo lo que teníamos que cumplir. La gente lo entendía y hasta se acercaban para decirnos que, aunque fuera dentro de cinco años, les gustaría volver, porque se sentían en casa”, explica. Siempre hemos llevado la empresa tipo familiar.

“No me gustó estudiar y así se lo hice saber a mi padre”, confiesa Àngel, relatando cómo a los 16 años comenzó a trabajar. Y cómo lo sigue haciendo con el mismo ímpetu. La empresa familiar la heredaron dos de los cuatro hermanos. Desde entonces, Àngel y José María forman un equipo entregado al trabajo y al esfuerzo.

Trabajaba desde las seis de la mañana hasta las diez de la noche, momento en el que lo dejaba no por el cansancio, sino porque eran las diez de la noche y le esperaban en casa. Desempeñaba su trabajo en el ámbito de los recursos humanos y la supervisión de obras. En otras palabras, se trataba de “estar con la gente”, según define él mismo. Durante todo ese tiempo la empresa no dejó de crecer.

Pero un día Àngel decidió hacer otra cosa. Se fue a África y durante los últimos cinco años ha regresado allí una veintena de veces para ayudar a los más necesitados.

Sin embargo, no se fue sin dejar bien preparada la sucesión a la tercera generación. Actualmente, Prefabricados Pujol entra en la fase de una empresa familiar de primos con unas reglas claras sobre la relación de la gestión y de la propiedad. Unas reglas que tratan de marcar el rumbo y una visión común para la tercera generación que ya está participando en la gestión. Para ello han elaborado un pacto que han firmado todos los familiares, estableciendo las bases de futuro y continuidad.

El giro comenzó tras conocer en Etiopía al misionero vasco Ángel Olaran. Fue cuando decidió dedicarse en cuerpo y alma a ayudarlo, crear nuevos proyectos de cooperación y creó el Centre d’Iniciatives Solidàries Ángel Olaran .

Desde entonces ha sufragado personalmente el envío hasta Wukro de contenedores con material como máquinas de coser o automóviles, máquinas trituradoras de piedra o tractores con cisternas para transportar agua. Ha impulsado la creación de un embalse en la zona del Tigray que garantizará el agua de boca y regadío en la ciudad de Wukro y la comarca. Ha financiado la construcción de dos pozos para almacenar agua en las poblaciones de Wukro y Adigrat. Y es el promotor del futuro proyecto Melaku Center en la población de Mekelle, un centro de formación profesional dónde se enseñan 16 oficios diferentes.

“Cuando llegué allí la primera vez vi mucha pobreza y mucha gente pidiendo limosna. Pero darles limosna no es la solución. Les hemos de dar cultura y formación, porque solamente así podrán ser autosuficientes”, afirma este industrial filántropo, cuyo modus vivendi se define con “tener ganas, ser humano y trabajador”.

Su implicación en este proyecto está apoyada por una convicción férrea que le guía. Un día recibió la llamada del padre Ángel, quien le pedía 60 máquinas de coser. Tras prometérselas, colgó el teléfono y, desde la desesperación, soltó el grito: “Dios mío. ¡¿Dónde encuentro yo 60 máquinas de coser?!”. Pero no tardó nada en ponerse en marcha. Se fue a la casa de la vecina y directamente la pidió su máquina. Ésta le contesto que eso iba a ser imposible ya que era un recuerdo de alto valor sentimental porque la había heredado de su madre. “Tienes 60 años.” dijo Àngel “¿Cuántos años más crees que vas a vivir? 10, 20, 30. Y después, ¿qué pasará con la máquina? Se irá a un trastero o al vertedero. Pero si me la das a mí, mañana la envío a Etiopía donde esta misma máquina dará de comer a toda una familia”. La vecina soltó una lágrima y le regaló la máquina. Y así otras 160 más que en estos años ha mandado a Wukro. 

Tras escuchar la experiencia de Àngel Pujol, empecé a pensar cómo sería hacer las maletas e irse a Etiopía, o cualquier otra parte, y hacer algo útil para las personas que necesitan de tu ayuda. La diferencia es que Àngel no se quedó en pensarlo. Él lo hizo.  

Àngel Pujol compagina varios roles. En España es copropietario del Grupo Pujol y presidente del Centre d’Iniciatives Solidàries. En Etiopía es simplemente Melaku, una palabra que define bien su papel allí porque Melaku significa ángel. Es la palabra que da nombre al centro en reconocimiento a Ángel Olaran y al mismo tiempo llena de sentido su vida.

Otra persona que encontró el sentido de la vida en la filantropía es el actual segundo hombre más rico del planeta, Bill Gates. Cuando hace unos días le preguntaron “¿por qué ha donado la mayor parte de su fortuna?”y “¿Por qué no se dedica a comprar caballos de carreras o clubes de fútbol ingleses, como hacen los demás súper ricos del mundo?”, el magnate respondió:

"Mucho me temo que no disfrutaría de eso… Todos los trabajos tienen sus recompensas. Conseguí esta enorme fortuna con mi trabajo en Microsoft y no creo que dársela a mis hijos fuera bueno para ellos, o bueno para la sociedad... Realmente es un trabajo divertido y me hace sentir bien saber que va a tener un impacto positivo. La riqueza de lo que hago me entusiasma cada día".

Estimado lector, gracias por haber llegado hasta aquí, esto significa que la experiencia de Àngel Pujol te haya interesado. Pero no te quedes ahí. Hay muchas maneras de ayudar y todas son buenas. Porque, “tener más dinero no te cambia la vida. Pero donar dinero a causas filantrópicas sí que te la cambia. Para bien”, según aconseja el fundador de Microsoft.

 Y porque “los donativos que hacemos en los países ricos son eficaces para aliviar la pobreza y reducir la mortalidad infantil en el mundo. Tenemos datos que demuestran que lo que hacemos aquí tiene un impacto allí".

Autor: Boris Matijas, laempresafamiliar.com

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