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Empresas y empresarios

“Un buen empresario es como un artista, no cesa de crear todo el tiempo”

Hace unos años, en una entrevista para la revista francesa L'Express, Nicolas Hayek dijo: “Nada es imposible, excepto evitar la muerte... y los impuestos”. Cumpliéndose la primera afirmación, el pasado 28 de junio el fundador de Swatch falleció a los 82 años y las acciones del gigante relojero Suizo en seguida cayeron un 5.6%. Fue una reacción inmediata a la noticia de la muerte del hombre quien en el año 1983 rescató la agonizante industria relojera suiza, y desde entonces se convirtió en el gurú de los negocios internacionales.

La reacción de Bolsa fue principalmente relacionada con la preocupación por la dificultad de encontrar el sucesor a este hombre tan brillante, que durante más de tres décadas revolucionaba los mercados internacionales innovando constantemente nuevos conceptos. No obstante, la incertidumbre duró tan sólo tres días. 

Swatch que actualmente emplea a 24.000 personas y factura más de cuatro mil millones de euros, está controlado por la familia Hayek, que posee un 40% de las acciones. Nick, el hijo de Nicolás está ocupando el cargo de director general y muchos le veían sucediendo a su padre en el mando de la empresa. Sin embargo, fue su hermana Nayla, quien tres días después de la muerte de su padre asumió el máximo cargo de la empresa.  

El Consejo compuesto por ocho miembros votó de forma unánime el nombramiento de Nayla Hayek, incluyendo a su hermano Nick, despejando así todas las dudas sobre un posible conflicto entre hermanos. Y las acciones de Swatch volvieron a subir.

La vida de Nicolás Hayek

Nicolás nació en Beirut, en el año 1928. Y quizá la sangre libanesa, dominada por la herencia fenicia, determinó su futuro, ya que esta frecuentemente representa el sinónimo de hazañas empresariales que terminan lejos.
 
A los fenicios, se les ha llamado con mucha propiedad "recaderos del mundo antiguo". Fueron los primeros grandes comerciantes de la historia. Desarrollaron una industria de artículos de lujo muy solicitados en la época y de gran valor comercial, como joyas, perfumes y cosméticos.

El fundador de Swatch vivió sus primeros 12 años entre esta ciudad y el pequeño pueblo de Khoura, tierra de su madre. Se educó en escuelas católicas, como resultado de las creencias maternas. Su padre, fue dentista y profesor universitario. Al inicio de la adolescencia, sus padres decidieron mudarse a Francia, país en el que realizó estudios en matemáticas, química y física nuclear. Y a los 21 años, por motivos de estudios se mudó a Suiza donde pocos años después se hizo cargo de la pequeña fábrica metalúrgica de Kallnach, Suiza, que su esposa había heredado tras la muerte de su padre.

Con la experiencia obtenida, Nicolás Hayek decidió emprender otra aventura y crear una fábrica de fundición de acero. Pidió crédito a tres bancos distintos en Suiza, pero ninguno le autorizó un préstamo. La negativa no le desanimó. Fiel a su filosofía, contemplada en la frase que solía repetir: “Un buen empresario es como un artista, no cesa de crear todo el tiempo. Productos, puestos de trabajo, mercados”, siguió buscando las oportunidades y pronto consiguió el contrato de comercialización de piezas de la Mercedes Benz. De este modo obtuvo los 10.000 francos que necesitaba para empezar.

El proyecto funcionó y Hayek ganó prestigio como empresario. Su ascenso coincidió con el descenso de la industria relojera suiza que estaba a punto del colapso. Cuando en 1982,  una empresa japonesa decidió comprar al gigante Omega por 400 millones de francos, Hayek, consejero de la compañía, se negó rotundamente.

Consiguió a persuadir a las instituciones de crédito de Suiza de que el problema que enfrenaba el sector relojero nada tenía que ver con los elevados sueldos que se pagaban en él, sino con la mala administración.

“No se necesitan expertos en finanzas, sino empresarios”, sostuvo Hayek “Se necesitan gente dispuesta a dejarse la piel en un proyecto. Convencí a los bancos, conseguí socios, y arriesgué mi propio capital. Y entonces lancé Swatch al mercado. La producción de relojes de lujo estaba bien, pero no era suficiente, necesitábamos un reloj innovador y menos caro. Un reloj de alta calidad a bajo precio, como sinónimo de provocación y de ganas de vivir".

El resto es una historia de éxito empresarial que todos conocemos.

Autor: laempresafamiliar.com - Swiss Info

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