Cuando el género ya no genera dudas

El pasado miércoles día 9 de septiembre a las 17.30, Isabel II se ha convertido en la monarca que más tiempo ha reinado en la historia de Inglaterra. En términos globales es la mujer que durante más tiempo ha reinado. Pero, entre sus colegas varones, aún está lejos de la marca de Sobhuza II, que reino Suazilandia durante 82 años hasta su muerte en 1982, según recoge un artículo en El País.

Es lo que demuestra ser cierta la afirmación de un gran experto de empresa familiar, con quien compartí muchas horas hablando sobre diversos temas que rodean este tipo de empresas, quien decía que la empresa familiar es más cercana a la monarquía que a la democracia.

Entre las cinco mujeres empresarias más exitosas del planeta ninguna es proveniente de una empresa familiar. Todo lo contrario sucede con los empresarios donde Carlos Slim y Amancio Ortega, desde hace varios años ocupan puestos entre los cinco empresarios más importantes.

Aun teniendo ejemplos como Isabel II, Ángela Merkel y Christine Lagarde, quienes ocupan las portadas de grandes revistas y acaparan la atención global, en el mundo de la empresa familiar todavía queda mucho campo por recorrer, hasta que el cambio en la mentalidad tradicional se asentara de todo.

En otros entornos, al nivel global el cambio se está asentando y las cuestiones de género poco a poco quedan apartadas hacía el segundo plano, dando más protagonismo a las habilidades y la preparación de las personas. En este sentido existe una serie de características intrínsecas donde el género femenino parte con ventaja.

Uno de ellos es la capacidad para gestionar la comunicación analógica a un nivel mucho más pragmático que los hombres. En la cultura occidental las mujeres usan el contacto visual para comprenderse entre ellas, mientras los hombres lo usan para establecer orden jerárquico y retarse mutuamente. Esto conduce a que el contacto visual entre dos mujeres en las negociaciones lleve a una resolución constructiva y creativa, mientras el contacto visual entre dos hombre en el mismo contexto impide tener el mismo resultado. Estas conclusiones, recogidas por un estudio realizado en EEUU, llevan a entender que, a diferencia de las mujeres, para los hombres el contacto visual en las negociaciones resulta ser un hándicap, puesto que genera una sensación de amenaza y tiene implicaciones jerárquicas.

Según indican los resultados de otro estudio realizado por Robert Kabacoff, el vicepresidente de Management Research Group de Portland, a unos 1.800 hombres y mujeres en EE.UU. y Canadá, las mujeres demostraron tener más energía, intensidad y expresión emocional, además de la capacidad para mantener el entusiasmo en los otros e involucrarlos, mientras que los hombres resultan ser más susceptibles de mantener un perfil más bajo, discreto y un estilo impersonal al controlar sus emociones. Las mujeres también obtuvieron mejor nota en su preocupación por la producción y la consecución de resultados. Mientras los hombres destacaron más en planificación estratégica y visión organizacional.

Son numerosos ejemplos de mujeres empresarias que en el entorno de la empresa familiar han realizado grandes éxitos profesionales. He tenido la fortuna de entrevistar algunas y una de ellas es sin duda Nuria Basi, la consejera delegada de Armand Basi, una de las principales marcas de moda españolas. Nuria Basi inició su carrera profesional fuera de la empresa familiar trabajando durante muchos años como directora ejecutiva de una multinacional farmacéutica. Hablando de su experiencia, reconoció haber tenido muchas dificultades durante su vida profesional, por el simple hecho de que, según dijo, hace diez o quince años no todos los hombres admitían que una mujer pudiera ganar más que los hombres.

Ser madre, esposa y al mismo tiempo una exitosa mujer empresaria que construya una gran empresa de distribución y producción de software informático hoy en día no suena a una hazaña demasiado habitual. Pero además comenzar a hacerlo a la edad en la que la mayoría de las personas empiezan a pensar en jubilarse y sin ningún conocimiento empresarial o tecnológico previo… tiene mucho mérito.  

Un buen ejemplo de ello es otra gran emprendedora, Carolina Flores, la fundadora de Medesys a quien conocí en México. Cuando tenía casi cincuenta años, Carolina aceptó la invitación de un grupo de amigos ingenieros y se incorporó a una empresa informática para ayudarles con las traducciones al inglés. Durante dos años en esa empresa, que contaba con pocos recursos y mucho valor humano, Carolina llevó las negociaciones con distintos proveedores para convertirlos en clientes de Hummingbird Communications, una empresa informática de Canadá, y llegar a ser de esta forma su representante para México. Un día llegaron a las oficinas y se encontraron con una muy mala noticia. El fundador de la empresa y el principal inversor, tras un escándalo financiero, salió del país de forma repentina, dejándoles prácticamente en la calle.

El valor reluce mejor en los tiempos de adversidades y el grupo de amigos en lugar de desesperarse decidió seguir adelante. Encargaron a Carolina, que llevaba la comunicación con los canadienses, convocar una reunión y con las millas acumuladas en Aeromexico alcanzaron a conseguir dos billetes de avión. Una vez allí, sin reservas ni tapujos, Carolina y otro compañero explicaron la situación. Su sinceridad y transparencia, que son los requisitos básicos para generar confianza, resultaron en el contrato que les otorgaba el derecho a ser distribuidores oficiales de sus productos, más un 50% de los beneficios obtenidos.

También he conocido ejemplo de grandes grupos empresarios familiares, donde el cambio en la cultura en los temas de género ha sido más institucionalizado. Un buen ejemplo es el Grupo ADO, una de las mayores empresas de transporte en México. “Toda la primera generación “salió en caja de madera”, me comentó Agustín Irurita quien durante muchos años era el presidente del grupo “Y yo siempre pensé que esto no estaba bien. Mi jubilación fue un proceso de institucialización que nos llevó diez años. Y lo fuimos dando paso a paso”. Primero fijaron la edad de jubilación, tanto para el consejo como la parte ejecutiva. Lo siguiente fue estructurar la empresa y darle orden y que la información fluyera entre todos los órganos y darle paso a las mujeres. “Aunque fue una decisión complicada porque se creía que este era un negocio de hombres, pronto nos dimos cuenta que las mujeres eran igual o más preparadas y ordenadas que los hombres. Simplemente dejamos fluir la vida y esto le dio solidez a la empresa. Hoy en día el capital de la empresa está mayoritariamente en manos de las mujeres”, explica.

En todo tipo de instituciones las cuestiones de género están superando los modelos de organización, estructura y gobierno. En la empresa familiar este cambio parece tardar un poco más en asentarse, pero sin duda está allí para quedarse.

Boris Matijas

Consultor, periodista, escritor y experto en divulgación de contenidos formativos e informativos sobre la investigación en empresa familiar. Es director de Laempresafamiliar.com, fundador de Archipiélago Plataforma Editorial para la Empresa Familiar, miembro del Consejo Editorial del Family Firm Institute The Practitioner. Es editor de Family Business Tranformation (ESADE Business School). Fue colaborador de la Cátedra de Empresa Familiar (IESE Business School) y editor de In Family Business (IESE Business School)