Protagonistas

Un empresario discreto

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Isak Andic, el máximo accionista de Mango sueña con repetir la expansión de sus tiendas en el timón de su nuevo velero.

Isak Andic Ermay está a punto de cumplir uno de sus máximos sueños. El presidente de Mango, la cadena de moda europea presente en más países del mundo, acaba de recibir su nuevo velero, con el que planea dar la vuelta al mundo el año próximo, como ya ha hecho con sus más de mil tiendas. Pero el empresario no abandonará el timón de su compañía. En pleno proceso de desarrollo internacional, Andic está dispuesto a regresar a su despacho o a cualquier parte del mundo en su avión personal si su negocio lo requiere.

Nacido en Estambul en 1953, Andic fue hasta abril de 2006 uno de los rostros desconocidos del empresariado español. Su política de discreción se rompió en una junta de Banco Sabadell, cuando se atrevió a subir al estrado como consejero. Hasta entonces, una de las últimas imágenes que se conocía de él tenía diez años de antigüedad. A partir de ese momento, sus apariciones públicas y su involucración en la sociedad civil han ido en ascenso, aunque continúa negándose a conceder entrevistas, siguiendo el ejemplo de su rival Amancio Ortega, presidente de Inditex, con quien no le gusta que le comparen.

Inicios

Sin embargo, los inicios de los dos empresarios tienen elementos en común. Si Ortega comenzó trabajando en la mercería coruñesa La Maja junto a sus hermanos, Andic creó sus primeros negocios junto a su hermano mayor, Nahman. Cuando Andic tenía catorce años, se mudó a Barcelona procedente de Turquía con su familia, judíos de origen sefardí. Su primer negocio, tal y como ha explicado en una de las dos conferencias que ha realizado en el último año, fue vender por 900 pesetas dos camisas que le habían costado la mitad.

Su hermano ha permanecido a su lado desde sus inicios, cuando se introdujo en el comercio multimarca para romper con el uniforme imperante en la época en la ciudad: «Levi’s 501, zapatos Sebago y polos Lacoste».

El cuidado de su familia es una de las constantes en su vida y, de hecho, su discreción procede en parte de esta prioridad. Su madre, Sol, está presente en los principales actos de la empresa y dos de sus hijos, Jonathan y Judith, trabajan en Mango. Con ellos se ve a diario en la empresa, ya que Andic comparte mesa con sus trabajadores y sólo usa el despacho para las reuniones. Además de Jonathan y Judith, Andic tuvo una tercera hija con su mujer –de la que se ha separado–: se llama Sarah, tiene once años y es, según fuentes cercanas, «su gran tesoro».

El presidente y máximo accionista de Mango, que comienza cada mañana con un repaso de la prensa general y económica, se estableció inicialmente en la calle Balmes, donde vendía prendas que importaba de otros países. Con 18 años, y tras poner en marcha una tienda multimarca de prendas vaqueras llamada Isak, el empresario se compró un coche para llenarlo de mercancía y crecer.

En 1983, Andic conoció a otra de las personas que ha resultado clave tanto para el desarrollo de su negocio, como para la protección de su vida personal: Enric Casi, actual director general de Mango. En aquella época, Andic vendía ropa al por mayor y Casi trabajaba como consultor para Auren. Juntos dieron la vuelta la negocio y, en 1984, nació Mango, con un punto de venta en Paseo de Gracia.

Aficionado a los viajes, Andic escogió el nombre de su empresa a la vuelta de una ruta por Filipinas. En la actualidad, el presidente de Mango continúa viajando, a bordo de su velero –»Veranea allí donde está su barco», dicen algunos amigos–, y sus visitas a su país de origen son frecuentes. Desde junio de 2007, forma parte del Investment Advisory Council for Turkey, un organismo para fomentar las inversiones en Turquía.

Pero, antes de decantarse por Mango en honor a la fruta que descubrió en Filipinas –entonces, exótica en España–, probó con Bubbles y Scooter, pero ambos le fueron denegados. Con sede en la calle Caspe, en el centro de Barcelona, la compañía instaló entonces un primer centro de diseño en Sabadell. El empresario recuerda que la tela de una de las primeras chaquetas que produjeron era tan dura que la prenda se tenía en pie por sí sola. Más tarde, la empresa se trasladó a Palau-Solità i Plegamans (Barcelona), donde mantiene su cuartel general. Andic pasó noches sin dormir pensando si podría pagar la entonces pequeña sede.

Fuente : Expansión